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Relatos femeninos: Paula Vincenti y la perfección
Por Marcos Fernández. BlouinARTINFO España. 2015

Hay razones para pensar que existe un plural gélido. Así califica el escritor Haruki Murakami ese drama íntimo de cómo se sobrevive a la soledad, entresacado de su libro “Hombres sin mujeres”: narraciones llenas de guiños a los Beatles, el jazz, a Franz Kafka, en el caso del título, a Ernest Hemingway.
La rúbrica de nacido en Kioto apremia: personajes que buscan conectar, que ambicionan un canal de comunicación, algunos merodean por los bares y las calles en un intento constante de dejar atrás los fantasmas; otros sólo procuran encontrarse a sí mismos, o transfigurarse en un otro para replegar la pesadumbre, esa que los acosa a pesar de introducir un tejido impermeable de juegos mentales para neutralizarla.
Una lógica del abandono tras el gran telón de las cosmópolis y que, a cada uno de nosotros, nos hace vascular encima de un barrote resbaladizo mientras contemplamos, con cierta ternura y obstinación, un mantra climatológico llamado lluvia.

Para redondear ese pasillo cáustico nos descalzamos, atravesamos sus roles auto-impuestos, buscamos el engaño admirable y hacemos todo lo posible para no perder esa sonrisa de cera, pulida, que nos hace subir al púlpito de la exquisitez.

Las personas no han sido concebidas para ser adornos de nadie a modo de muñecas de porcelana, por ejemplo, a pesar de que la perfección, para algunos locos, pase por una Bo Derek calificada con un número, según la película dirigida por Blake Edwards. La infundada crisis de cumplir los 40, en este caso, sirve como platea para una fenomenología confusa e inestable, sacando una caricatura perversa de lo que los seres humanos son capaces de hacer.
Rescato, cerca de la perfección, su banda sonora realizada por Henry Mancini. Qué menos.

Afrontar el situacionismo de la mujer de hoy -más allá de la irritable y televisiva popularidad, paridades imposibles y signos hereditarios-, supone desechar la pulcritud intacta de esas superficies esmaltadas que acaban pareciéndose a la piel: una que acaba siendo impenetrable y pierde flexibilidad emocional porque, por desgracia, estos hitos de la feminidad se parecen más a juguetes que a personas.

Esta manera de conducir el ideal del que muchos queremos escapar, tiene una dirección real, asertiva, casi sarcástica -porque hemos tendido a sentirnos así- y pasan por el filtro de la artista afincada en Marbella, Paula Vincenti, y por el sentido curatorial de Elena Caranca que, a modo de pop-up, vuelve a poner el foco sobre esas cuestiones indelebles que la sociedad contemporánea revela, y escribe, sobre el ácido desoxirribonucleico de los sujetos.

Sandra Pedraja afirma: “Once escenas inventadas que exponen la realidad cotidiana de mujeres que observan lo absurdo de un mundo, capaz de perder la esencia vital, si con ello consigue desmontar al personaje e introducirlo en un entorno donde la foto vale más que la palabra, donde la vida no puede ser más perfectamente imperfecta”. Once testimonios apócrifos de lo que nos pasa, pasó y puede seguir pasando. Once relatos que, como Murakami, advierten sobre los límites del aislamiento, blasfemado como patología, asimilado porque posiblemente no tenemos otra opción y que, desde algún punto de vista, nos hace despertar.
Una búsqueda incesante de la perfección que, en su modalidad anómala, tiende a la certeza de que cualquier cosa por debajo de ese umbral es inaceptable.

Estas mujeres son protagonistas, bajo un velo ilusorio, perecedero y difuso. Son ellas quienes se aparecen en cada momento de sus soledades para afligir, seducir o imposibilitar ya que, en los tiempos que corren, no hay dudas en que tal vitalidad pasa por ellas: siempre preparadas, disponibles, glamurosas, sonrientes, a tiempo, perfectas…

Descubre la nueva exposición de Paula Vincenti llamada “Perfect doll”, comisariada por Elena Caranca en Le Petit Milk&Roses de Marbella, a modo de pop-up, a partir del sábado 18 de abril.

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